Política monetaria

Lineamientos de política monetaria, enero de 2022

El año 2021 siguió marcado por la pandemia de COVID-19. En Argentina, desde junio de 2021, se observó una caída sistemática en la tasa de contagios, la cual alcanzó niveles mínimos en octubre. La mejora en la situación epidemiológica fue posible gracias al avance de la campaña de vacunación y a una infraestructura sanitaria mejor preparada. Sin embargo, el surgimiento de nuevas cepas de mayor contagiosidad todavía genera incertidumbre de cara a los próximos meses. En efecto, en las últimas semanas comenzó a acelerarse significativamente la tasa de contagios, aunque con bajos niveles de internación y mortalidad en comparación a olas previas.

El menor impacto económico de la segunda ola de contagios, que tuvo lugar durante el segundo trimestre del año 2021, y la rápida recuperación posterior, permitieron dar continuidad al proceso de reapertura y dinamización de la economía local, que alcanzó en julio el nivel pre-pandemia.

En un entorno macroeconómico más dinámico la inflación minorista se mantuvo en un valor elevado durante el último año. Sobre una elevada inercia inflacionaria se sumaron, con mayor intensidad a la esperada, algunos factores transitorios, tales como la incidencia de los precios internacionales, inicialmente de los productos primarios y últimamente más vinculados a los precios de la energía y al costo de las manufacturas globales, las restricciones de oferta en algunos productos por la disrupción de las cadenas de producción, la recomposición observada de los márgenes de comercialización en ciertos sectores y el reacomodamiento de precios relativos de los servicios privados ante la reapertura de actividades en un contexto de mejora en la situación epidemiológica. Adicionalmente, la mayor volatilidad financiera asociada al proceso electoral se reflejó en expectativas de devaluación más elevadas en el último cuatrimestre de 2021. En este marco, dentro de la estrategia de flotación administrada que sigue el BCRA, el ritmo de depreciación se adecuó en forma gradual a las necesidades de la coyuntura priorizando contrarrestar, al menos parcialmente, las presiones inflacionarias mencionadas. Asimismo, el BCRA recalibró su intervención en los mercados de cambios spot y a término, y adaptó la regulación cambiaria a los fines de preservar la estabilidad cambiaria y promover una asignación eficiente de las divisas.

En materia fiscal, la mejora en la situación sanitaria observada a partir del segundo semestre le permitió al Gobierno Nacional mantener focalizadas las iniciativas de asistencia en los sectores más rezagados y en la población en situación más vulnerable que, en conjunto con un mayor nivel de recaudación, se tradujo en una reducción del déficit fiscal. Así, se observó una disminución en el financiamiento monetario de las necesidades del Tesoro Nacional. En igual sentido, el Gobierno Nacional, acompañado por el BCRA, continuó fortaleciendo el proceso de reconstrucción del mercado de deuda doméstica.

Para 2022 se avizoran condiciones financieras internacionales menos favorables que en los años previos. La dinámica inflacionaria global y las respuestas de política económica que vienen implementando los diferentes gobiernos de países desarrollados y emergentes plantean un escenario que podría contemplar una ralentización del crecimiento global, mayores costos de financiamiento externo y menores precios internacionales de las materias primas. Tampoco pueden descartarse eventuales correcciones en los mercados financieros internacionales, ante las dispares evoluciones de la economía real frente a los elevados precios de los activos financieros, en un entorno de altos niveles de endeudamiento público y privado.

En este contexto, el BCRA presenta sus lineamientos de política monetaria para 2022, adecuando su diseño a las condiciones económicas prevalecientes.

Tasa de interés: El BCRA calibrará las tasas de interés de manera de garantizar una mayor disponibilidad de instrumentos de ahorro que permitan a los argentinos obtener rendimientos acordes con la evolución de la inflación y del tipo de cambio, contribuyendo así a estabilizar las expectativas cambiarias, favoreciendo al proceso de desinflación. Dicho reacomodamiento de la estructura de tasas de interés se complementará con la continuidad de aquellas políticas de estímulo focalizado al crédito al sector privado.

Manejo de la liquidez: El BCRA administrará la liquidez para evitar desequilibrios que atenten directa o indirectamente con el proceso de desinflación, permitiendo que el crecimiento real de la base monetaria acompañe la mayor demanda de saldos reales derivada de la expansión económica y del fortalecimiento del mercado de trabajo. En este sentido, luego de dos años en los que el Banco Central asistió excepcionalmente al Tesoro para enfrentar las necesidades derivadas de hacer frente a la pandemia, sin acceso al financiamiento externo y con un mercado de capitales doméstico en reconstrucción, los avances logrados por el Gobierno Nacional en la normalización del mercado de deuda en pesos y las perspectivas de financiamiento externo por parte de los organismos multilaterales y bilaterales plantean un escenario con una reducción significativa de la asistencia financiera al Tesoro. En esta nueva etapa, es esperable que el esfuerzo de esterilización monetaria se vea reducido. Ello favorecerá que la demanda de base monetaria sea provista por los intereses asociados a los pasivos remunerados del BCRA y, potencialmente, por una reducción de su stock. No obstante, el BCRA mantendrá una administración prudente de los agregados monetarios, esterilizando eventuales excedentes de liquidez, de manera de preservar el equilibrio monetario.

Tipo de cambio: En la actualidad, el tipo de cambio se mantiene en valores competitivos. En efecto, el tipo de cambio real multilateral se ubica en niveles compatibles su promedio histórico, al tiempo que se observa un superávit externo. Para preservar la competitividad externa se adecuará gradualmente la tasa de crawl en el marco del régimen vigente de flotación administrada al ritmo de la inflación doméstica, sin perder de vista el efecto de la mayor inflación internacional sobre el tipo de cambio real. Esta estrategia está en línea con el objetivo de fortalecer la posición de reservas internacionales.

Regulaciones cambiarias: El BCRA gestionará prudentemente las regulaciones cambiarias con el fin de adaptarlas a las necesidades de la coyuntura, favoreciendo la estabilidad monetaria y cambiaria. En la medida que las condiciones macroeconómicas lo permitan se irán flexibilizando las regulaciones, con el objetivo de mantener en el mediano y largo plazo un conjunto de normativas macroprudenciales compatibles con la dinamización de los flujos de capitales orientados a la economía real.

Política de crédito: En pos de seguir apoyando la recuperación de la actividad económica y el cambio estructural, el BCRA continuará estimulando tanto la intermediación como la inclusión financiera de individuos y empresas, propendiendo a cumplir con las necesidades de financiamiento para el desarrollo del consumo, la inversión productiva y el cambio tecnológico. Los esfuerzos de asistencia financiera a los sectores más afectados por la pandemia se continuarán reduciendo en la medida que estos sectores consoliden su proceso de recuperación.

Política Financiera: El sistema financiero presenta un conjunto de características estructurales que colaboran en mantener el riesgo financiero sistémico en niveles acotados. En particular, se sostienen indicadores de solidez por parte de las entidades financieras en su conjunto, tanto en materia de liquidez como de solvencia, y un esquema de regulación y supervisión que recoge las recomendaciones internacionales sobre mejores prácticas, adaptándolas a la realidad del mercado local. En este marco, el BCRA mantendrá actualizada las regulaciones micro y macroprudenciales, en función de las mejores recomendaciones internacionales de la materia, sin descuidar las características propias del mercado financiero argentino. Además, preservará el monitoreo del desempeño de las entidades en pos de prever y abordar eventuales situaciones de vulnerabilidad, apuntando a sostener adecuados niveles de liquidez y solvencia en el conjunto de las entidades.

Educación Financiera: El BCRA profundizará la promoción de la educación financiera, ampliando y democratizando el alcance y uso de los servicios financieros como condición necesaria para que todos los segmentos de la sociedad contribuyan y se beneficien con el crecimiento de la economía. En este sentido, la autoridad monetaria ampliará las acciones federales, avanzando en el diseño y desarrollo de programas educativos, poniendo especial énfasis en alcanzar progresivamente a una mayor cantidad de personas, mediante la firma de nuevos convenios, y con la voluntad de llegar primero a los sectores más vulnerables.

Octubre de 2020

En el contexto de una severa crisis de endeudamiento, una macroeconomía con fuertes desbalances y ante una situación social acuciante, el país debió diseñar su estrategia de respuesta frente al COVID-19 a través de los instrumentos disponibles en una economía en emergencia y sin acceso al mercado internacional de crédito.

La irrupción de una pandemia sin precedentes y de duración todavía incierta, obligó a replantear las prioridades de política. En ese contexto, la asistencia financiera del BCRA al Tesoro y el impulso al crédito se transformaron en piezas fundamentales dentro de una estrategia sanitaria y económica de emergencia que se propuso evitar que la crisis dejara tras de sí secuelas permanentes sobre una economía ya fuertemente golpeada.

Los principales indicadores de actividad señalan una concentración de los efectos de la pandemia en el segundo trimestre, mientras que se observa una recuperación gradual y heterogénea de la actividad en el tercer trimestre del año.

El país encaró de manera exitosa un proceso de reestructuración de la deuda pública que se encontraba en una posición insostenible. No obstante, se ha generado en el mercado de divisas un comportamiento de expectativas que es necesario atender en lo inmediato.

Por todo lo dicho, el BCRA presenta una actualización de sus lineamientos enunciados el 27 de enero pasado, adecuando el diseño de la política monetaria a las condiciones económicas prevalecientes.

  • Tasa de interés y manejo de la liquidez

En un contexto en el que se registran tensiones en el mercado de cambios, se acrecienta la relevancia de la política monetaria como instrumento de estabilización financiera y externa. El BCRA redoblará sus esfuerzos en pos del desarrollo de instrumentos de ahorro e inversión que permitan a los argentinos obtener rendimientos positivos no solo respecto de la evolución de la inflación, sino también en relación a la evolución del tipo de cambio. En este sentido, se procurará armonizar progresivamente las tasas de referencia de los instrumentos de política monetaria, minimizando el impacto sobre el costo de esterilización.

Por otro lado, la mencionada necesidad de responder a las demandas de la pandemia ha generado un incremento importante de la liquidez. El BCRA monitorea atentamente la evolución de los agregados monetarios y actuará a través de las herramientas disponibles.

Además, en el marco de los favorables resultados obtenidos en materia de normalización de la deuda pública, el BCRA utilizará su capacidad de intervención a través de operaciones de mercado abierto, a los efectos de auspiciar una mayor liquidez, profundidad y transparencia de los mercados de deuda soberana, en vistas de apuntalar el comienzo de una nueva etapa en la que el mercado de capitales local asuma una importancia creciente en la estrategia de financiamiento del sector público.

  • Tipo de cambio

En la actualidad, el nivel del tipo de cambio se encuentra en un nivel competitivo. El tipo de cambio real multilateral se ubica por encima de su promedio histórico, al tiempo que la balanza comercial acumula un importante superávit, ratificado también por el resultado positivo de la cuenta corriente del balance de pagos.

Se reafirma la estrategia de sostenimiento de la estabilidad del tipo de cambio real, que se considera en línea con el objetivo de acumulación de reservas internacionales. En el marco de la estrategia de flotación administrada, el ritmo de depreciación diario se adecuará en forma gradual a las necesidades de la coyuntura, de modo de evitar efectos no deseados sobre la competitividad, los precios internos, la evolución de los activos y pasivos y la distribución del ingreso.

  • Regulaciones cambiarias

En un contexto signado por la escasez, las regulaciones sobre el mercado de divisas buscan evitar desequilibrios temporales que pudieran afectar la posición de reservas internacionales. Las mismas son un instrumento necesario para la coordinación de las decisiones individuales mientras se avanza en la mejora de la situación fiscal, externa y monetaria. Se trabajará activamente en esta coordinación durante la transición para evitar los impactos negativos sobre la actividad productiva.

Se busca en el mediano plazo regulaciones macroprudenciales compatibles con la dinamización de los flujos de capitales orientados a la economía real.

  • Política de crédito

Para morigerar el impacto económico de la pandemia, el BCRA puso en marcha un conjunto de instrumentos de crédito, cuyos resultados han permitido un inédito crecimiento del financiamiento a pequeñas y medianas empresas. La normalización del nivel de actividad que comienza a evidenciarse en algunas regiones y sectores, permitirá paulatinamente reducir y focalizar los esfuerzos de asistencia crediticia a tasas reales negativas, adaptándose a las necesidades de la nueva etapa.

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Ver las medidas adoptadas por el Directorio

Enero de 2020

Caracterización de la situación económica

La economía argentina enfrenta un crítico cuadro macroeconómico caracterizado por la coexistencia de registros inflacionarios muy elevados y un intenso y persistente proceso recesivo, que se ha traducido en marcados niveles de desocupación, precariedad y pobreza. Por su parte, la escasez de divisas ha generado una notoria debilidad de su sector externo, que tal como ha ocurrido en otras instancias en el pasado condiciona severamente su desempeño agregado.

Esta renovada manifestación de la restricción externa se generó a mediados de la década pasada con la retracción de los precios internacionales de las commodities, debilidades propias en materia de política industrial y tecnológica, y la desaceleración que comenzó a exhibir la economía y el comercio a nivel global. A estas limitaciones en los flujos de divisas comerciales se sumó la pérdida del acceso al crédito voluntario y una renovada fuga de capitales domésticos, dada la vulnerabilidad que se desatara producto de un proceso de endeudamiento externo a todas luces insustentable.

Igual derrotero ha seguido la tasa de inflación, que habiendo escalado significativamente en igual período se aceleraría notablemente en los dos últimos años del Gobierno anterior, debido a errores de diagnóstico y de política, que tendieron a subestimar las dificultades para inducir una baja sostenible de un proceso inflacionario sustentado en factores estructurales y con evidentes componentes inerciales. Esa desacertada concepción trajo aparejada la intención de abordar el problema apelando exclusivamente a herramientas de naturaleza monetaria. Al mismo tiempo, la hipótesis de una presunta continuidad sine die de un contexto caracterizado por la abundancia de financiamiento externo condujo al error de inducir una completa desregulación del mercado cambiario y una apertura financiera irrestricta. Por último, una visión económica sesgada y una concepción excesivamente “ofertista” impulsó la reducción de impuestos nacionales y provinciales deteriorando el cuadro fiscal.

Quedó de ese modo configurado un mix de políticas (monetaria/financiera/fiscal) inconsistente, que condujeron a una severa crisis de balanza de pagos, a una marcada depreciación de la moneda doméstica y a la consecuente profundización de la recesión y la aceleración de la inflación, generando un fuerte impacto a nivel económico y social.

Tardíamente, sobre el final de su mandato, el Gobierno Nacional anterior dispuso una serie de medidas de restricción de acceso al mercado de cambios, indispensables para mitigar la crisis y el deterioro del balance de pagos; reprogramó compulsivamente vencimientos de deuda local, al tiempo que el déficit fiscal (ya sin posibilidades de ser financiado con endeudamiento externo) comenzó a cubrirse con emisión monetaria.

Frente a este escenario el nuevo Gobierno Nacional adoptó una serie de medidas sociales, productivas, regulatorias y de consolidación fiscal destinadas a afrontar las manifestaciones más inmediatas de la crisis y a estabilizar la macroeconomía y, a partir de allí, redefinir las prioridades de política con el objetivo de sentar las bases para iniciar un proceso de desarrollo económico sostenible. Estas medidas se condensan en la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva (Ley nro. 27541), que contempla crear las condiciones para asegurar la sostenibilidad fiscal y de la deuda pública, con una orientación solidaria, aplicando esquemas tributarios progresivos. Asimismo, busca promover la reactivación de la economía, fortaleciendo los ingresos de los sectores más vulnerables para que puedan recomponer sus niveles de consumo y aliviando las deudas tributarias de las pequeñas y medianas empresas.

Dentro de las acciones regulatorias se encuentran la ratificación de la obligatoriedad de ingreso de divisas de exportación al mercado de cambios local y de los límites para la formación de activos externos con recursos locales. En forma paralela se estableció también un impuesto a la compra de divisas con destino al atesoramiento y al pago de servicios de turismo y viajes al exterior.

Con respecto a las medidas impositivas, además de la mencionada en el párrafo anterior, se cuentan el aumento de los derechos de exportación, los cambios en las contribuciones patronales a la seguridad social, la reorientación de los impuestos al consumo, la reforma del impuesto a los bienes personales y de la tasa de estadística.

Asimismo, en el marco del Compromiso Argentino para el Desarrollo y la Solidaridad recientemente suscripto por representantes de las empresas, los sindicatos y las organizaciones sociales, el Gobierno ha implementado políticas de ingreso activas entre las cuales se encuentran un acuerdo de precios, a través del Programa Precios Cuidados, y el mantenimiento de las tarifas por hasta 180 días, en tanto finalice el proceso de renegociación de los esquemas vigentes. En igual sentido se han desplegado también una serie de medidas para paliar la situación de los sectores sociales más vulnerables mediante los incrementos de suma fija en los salarios y prestaciones de la seguridad social y el Programa Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional.

Lineamientos de política monetaria y cambiaria

En el contexto de la emergencia económica y social descrita, y de una situación crítica en lo que hace al acceso al mercado de crédito voluntario externo, el Banco Central considera necesario asistir excepcionalmente al Tesoro tanto en la eventualidad de pagos de deuda al exterior como, de ser estrictamente necesario y bajo límites prudentes que respeten el equilibrio en el mercado monetario, financiamientos en moneda local.

De igual forma, teniendo en cuenta que el Gobierno se encuentra abocado a reestablecer la sustentabilidad de la deuda pública, el Poder Ejecutivo ha considerado oportuno demorar la presentación del Presupuesto Nacional del ejercicio. En tales circunstancias, y hasta tanto se pueda avanzar en esas definiciones, no es posible desplegar una estrategia de política monetaria donde se fijen objetivos específicos sobre la expansión de los agregados o la inflación.

Tomando en cuenta estas limitaciones, pero en línea con su misión de “promover, en la medida de sus facultades, y en el marco de las políticas establecidas por el Gobierno Nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”, el Banco Central de la República Argentina encuentra prudente avanzar en la definición de una serie de lineamientos útiles para ayudar a la formación de las expectativas de los distintos actores económicos en nuestro país. Dichos lineamientos se refieren a los siguientes conceptos centrales: tasa de interés, precios, agregados monetarios, tipo de cambio, crédito, nivel de actividad y empleo.

  • Tasa de Interés. Dada la existencia de componentes inerciales en el proceso inflacionario en curso y la escasa profundidad del mercado de crédito local, el intento de reducir la inflación apelando exclusivamente a la vigencia de tasas de interés reales excesivamente elevadas ha demostrado su ineficacia y su carácter eventualmente contraproducente. El nivel de tasa de interés real debe preservar la estabilidad financiera y externa de la economía, y debe ser compatible con el financiamiento de la producción y la construcción de una curva de rendimientos a mayor plazo, favoreciendo el ahorro en moneda doméstica. Esto último supone un manejo de tasas de interés donde se evitará que caiga en niveles reales negativos.
  • Precios. Se procura inducir una reducción gradual pero sostenible de la tasa de inflación a partir de un enfoque de política monetaria prudente, consistente y coordinado con el resto de la política económica y la política de ingresos impulsada por el gobierno nacional. En este marco, se espera su desaceleración hacia niveles marcadamente menores que el año 2019 debido a la concurrencia de la política monetaria, cambiaria y fiscal, los acuerdos de precios y la coordinación de estrategias de corto y largo plazo, a través de distintos ámbitos institucionales.
  • Agregados monetarios. Estos se encuentran en niveles históricamente muy reducidos en términos de producto. En un contexto de recuperación de la confianza y de reducción gradual de las tasas de interés, que posibilite una mejora de las condiciones crediticias y un estímulo al nivel de actividad, cabe esperar un proceso gradual de remonetización. La política monetaria debe promover una expansión prudente de los agregados monetarios, evitando desequilibrios que afecten en forma directa o indirecta al proceso inflacionario.
  • Tipo de cambio. Una política cambiaria de flotación administrada es un instrumento apto para evitar fluctuaciones pronunciadas de la paridad cambiaria que generen efectos negativos sobre la competitividad, los precios internos y la distribución del ingreso. La política cambiaria también propiciará la acumulación preventiva de reservas internacionales, sobre la base del ingreso genuino de divisas provenientes del sector externo.
  • Crédito. La intermediación crediticia interna se encuentra también en niveles relativos muy bajos, debiéndose expandir para atender las necesidades de los hogares y la producción, con un sentido estratégico que permita atender no sólo el corto sino también el mediano y largo plazo.
  • Nivel de actividad y empleo. Las políticas adoptadas hasta aquí permitirán ir definiendo un nuevo encuadre macroeconómico sustentado en la recuperación del mercado interno y el crecimiento de las exportaciones, induciendo aumentos en la inversión y la productividad, lo que permitirá conjugar la expansión de la demanda y el empleo con la transformación productiva necesaria para darle continuidad en el tiempo.

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Esta publicación trimestral tiene como objetivo analizar la coyuntura económica nacional e internacional, evaluar la dinámica inflacionaria y sus perspectivas, y explicar de manera transparente las razones de las decisiones de la política monetaria.

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